Por ANA LUCIA ORTEGA texto y fotos© Una leyenda milenaria popularizó Karlovy Vary, la ciudad balneario checa. Se cuenta que Carlos IV, emperador del Sacro Imperio Germánico, cazaba por los bosques de esa región de Bohemia, cuando su perro cayó en un manantial de aguas humeantes persiguiendo un ciervo, y al parecer, sus heridas se esfumaron. Aquella aventura campestre fue el germen de una villa termal, que para el siglo XVIII se había transformado en un atractivo destino para la burguesía y aristocracia europeas. Karlovy Vary, cuyo nombre proviene de “Baños de Carlos”, por su descubridor, está a menos de dos horas de Praga, capital de la República Checa. Edificios hijos del Neoclasicismo y del Art Nouveau, sorprenden con fachadas sinuosas y coloridas. La mezcla de otros estilos arquitectónicos como el gótico, barroco y renacentista le dan un carácter cosmopolita. Durante la etapa soviética, se introdujo el brutalismo, cuyo emblema es el Hotel Termal, situado frente a u...
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